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El Likud ha acusado a los partidos árabes de robar las elecciones de Israel, pero el recuento aún no ha terminado y la comisión electoral sigue examinando su denuncia.
¿Qué ha cambiado? · 28/10/26, 20:37 UTC
Elaborado con investigación exhaustiva de IA, redacción basada en fuentes y corrección lingüística. Las fuentes y las incertidumbres acompañan al artículo.
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Israel votará el martes 27 de octubre en sus primeras elecciones generales desde los ataques de 2023 encabezados por Hamás. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, se enfrenta al desafío de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, pero ninguno de los dos puede llegar al poder simplemente quedando por delante: la cuestión es quién podrá reunir una coalición de gobierno.
Los sondeos publicados el viernes situaban casi en empate a la coalición gobernante y al principal bloque opositor, según la BBC. Reuters informó de que los sondeos llevaban tiempo apuntando a que la alianza de Netanyahu podría perder la mayoría, mientras que Eisenkot tampoco tenía una vía clara para llegar al poder.
La exigencia de rendir cuentas por los fallos previos a los ataques del 7 de octubre se ha convertido en un tema de campaña. Miles de personas se manifestaron el sábado en Tel Aviv para reclamar una comisión estatal de investigación independiente, informó NOS. Netanyahu se ha negado a crearla; Eisenkot ha prometido hacerlo. Netanyahu ha centrado su campaña en la seguridad, bajo el lema «No nos rendiremos», mientras que Eisenkot ha sostenido que las elecciones también tratan sobre qué tipo de Estado debería ser Israel.
Las entrevistas en Dimona, bastión histórico del Likud, muestran lo difícil que es deducir un resultado nacional a partir de cambios individuales. Yossi Assayag, quien dijo a Reuters que había apoyado al partido de Netanyahu durante la mayor parte de su vida, afirmó: «Bibi tiene que irse». Otra votante, Ruti Ohana, dijo: «Nunca traicionaré al Likud».
Los votantes que viajan desde el extranjero añaden otra incógnita. La coalición AID, con sede en Estados Unidos, calcula que hasta 67.000 israelíes podrían regresar para votar. Pero la analista política Dahlia Scheindlin dijo a Associated Press que no estaba claro cómo votarían como grupo; algunos regresaban para apoyar a Netanyahu.
La diferencia entre los dos principales bloques no es una simple división sobre la postura de Israel respecto a los palestinos. La BBC informó de que Eisenkot se ha comprometido a poner fin al gobierno de Hamás en Gaza mediante un plan de paz liderado por Estados Unidos o una acción militar, y de que los principales líderes de la oposición respaldan alguna forma de asentamiento israelí en la ocupada Cisjordania. Ninguno se ha comprometido abiertamente con la plena creación de un Estado palestino. Si la estrecha contienda deja a ambos bloques sin mayoría, los partidos árabes podrían tener la llave del poder, aunque la mayoría de los partidos de la oposición judía ha rechazado hasta ahora colaborar con ellos.
Los israelíes comenzaron a votar el martes 27 de octubre en sus primeras elecciones parlamentarias desde los ataques de 2023 encabezados por Hamás y las guerras que siguieron. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, afronta un ajustado desafío del exjefe militar Gadi Eisenkot, aunque el resultado podría no aclarar pronto quién gobernará.
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Más del 31% de los votantes con derecho a voto —más de 2,3 millones de personas— había votado al mediodía, hora local, según la Comisión Electoral Central, de acuerdo con Associated Press. Se trata de una cifra provisional, no de la participación final.
La seguridad y el historial de Netanyahu han dominado la campaña. Eisenkot y otros adversarios han exigido una investigación independiente sobre los fallos relacionados con los ataques del 7 de octubre; Netanyahu se ha opuesto, alegando que estaría sesgada en su contra. Las disputas sobre los cambios judiciales propuestos y el servicio militar de los hombres ultraortodoxos también han marcado la contienda.
El partido Yashar de Eisenkot denunció una interferencia deliberada tras informar de que faltaban papeletas o que algunas estaban dañadas. La comisión electoral dijo que no había encontrado indicios de sabotaje sistemático y que estaba atendiendo las denuncias individuales.
Está previsto que los colegios electorales cierren a las 22:00, hora local (20:00 GMT), cuando se espera que las cadenas publiquen sondeos a pie de urna. Esas estimaciones no serán resultados del recuento. El Parlamento israelí tiene 120 escaños y un gobierno necesita el apoyo de al menos 61 diputados. Los sondeos previos a las elecciones sugerían que ni el bloque de Netanyahu ni el de Eisenkot alcanzarían ese umbral, por lo que las negociaciones de coalición podrían ser decisivas.
El recuento electoral de Israel apuntaba el miércoles a un Parlamento sin mayoría cuando el partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu acusó a los partidos árabes de haber «robado» las elecciones y exigió una investigación. La Comisión Electoral Central dijo que había recibido la denuncia del Likud y que la estaba examinando; no ha anunciado que haya constatado irregularidades.
Con el 88,6% de los votos escrutados, la proyección de escaños situaba al bloque de Netanyahu en 53, al otro bloque, compuesto principalmente por partidos dirigidos por judíos, en 48, y a los partidos árabes en 19, según el recuento de Ynet basado en las cifras de la comisión. Para obtener la mayoría en la Knéset, de 120 escaños, se necesitan 61. La cifra proyectada para los partidos árabes supondría un récord, frente a los 10 escaños que suman actualmente, según The Times of Israel. El recuento aún no era definitivo.
El Likud denunció sobornos, amenazas, violencia, falsificación y el uso de programas informáticos prohibidos para movilizar a votantes. Dijo que había enviado cientos de testimonios y otras pruebas a la policía, al servicio de seguridad interior y a la comisión electoral. Associated Press informó de que el partido no presentó públicamente pruebas concretas para respaldar su acusación. La comisión dijo que estaba estudiando el escrito del Likud como parte de sus controles rutinarios de integridad electoral.
Hay un caso policial distinto. Tres hombres fueron detenidos el martes bajo sospecha de intentar sobornar a personas para que votaran por Ra’am, el partido árabe. La policía dijo que los registros de sus domicilios hallaron sobres con decenas de miles de séqueles. Ra’am rechazó los intentos de vincularlo con un ataque a la integridad de las elecciones. Un funcionario de la comisión electoral describió el caso como un incidente aislado ocurrido ese día, antes de que el Likud formulara su acusación más amplia. Las detenciones no demuestran que se compraran votos ni que se alterara el resultado electoral.
La proyección de escaños deja a ambos bloques principales sin mayoría si no obtienen apoyos adicionales. Algunos partidos de la oposición han rechazado colaborar con los partidos árabes, aunque Yair Golan, líder de los Demócratas, les ha instado a reconsiderarlo. Yousef Jabareen, líder de la Lista Conjunta, dijo a AFP que estaba dispuesto a cooperar con un gobierno dirigido por la oposición, pero no a sumarse a su coalición. Sigue sin saberse quién podrá formar gobierno mientras continúan el recuento y el examen de la denuncia del Likud.